en fin..
Esta lista tiene el final que terminó
y aún así…casi ni empieza.
A juzgar después por las camisas platinadas
y las bocas deshechas por no tomar.
Me hice a un lado de las vastas ansiedades
y ya no puedo temerle a la furia de los inviernos sedosos,
que se me aparecen como un ave lavándose entre las plumas.
Como si nada hubiera pasado,
tiene la temperatura ardiente de las más bajas rebeldías.
Y siente frío.
No se esparce como el polen piropeado por las abejas,
pero se destiñe sin el colorante de la primavera,
solo cuando se despoja de mentiras.
A veces…planta el sabor del tedio incrustado en un paladar.
Ese paladar que conoce el aroma de arroz sin cocinar,
y el único que puede pretender que mañana
le den las papas sin recalentar, esas recien horneadas.
Mas sin embargo, aquel que el aroma no conoce,
que los colores en sus ojos brillan por su ausencia,
ese a quien le duele el asiento, cuando no disfruta de un verde pasto.

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