Vela el santo su propia condena,
la de convertirse en cera eterna.
La dureza envuelta en religión.
"La religión de la pereza"
de la no destreza,
de la infame grandeza.
No hay quien procrea más
que el propio ladrón de su misma especie.
La religión, su mejor embrión.
Esa que amanece encendida en el sueño de un montón,
la de convertirse en cera eterna.
La dureza envuelta en religión.
"La religión de la pereza"
de la no destreza,
de la infame grandeza.
No hay quien procrea más
que el propio ladrón de su misma especie.
La religión, su mejor embrión.
Esa que amanece encendida en el sueño de un montón,
más se duerme estreñida por la culpa agazapada en una cruz.
La cruz por la mitad sin escribirse otra vez,
sin hacerse vela
y mucho menos que el propio libro de poesías
La cruz por la mitad sin escribirse otra vez,
sin hacerse vela
y mucho menos que el propio libro de poesías
quemado por las furiosas bestidas con sotanas,
temblando al percibir que los poetas,
no sueltan su pluma.
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